Ricardo Migueláñez. @rmiguelanez
¿Tiene sentido que en cuestión de semanas pasemos de ver ríos desbordados a embalses bajo mínimos? ¿Podemos permitirnos que el agua que hoy provoca daños sea la que mañana echaremos en falta?
La realidad climática es cada vez más evidente: periodos prolongados de sequía se alternan con episodios de lluvias intensas que descargan en pocas horas cantidades extraordinarias de agua. El problema no es solo cuánto llueve, sino cómo gestionamos esa lluvia. Sin infraestructuras adecuadas para contenerla, regularla y almacenarla, el agua se convierte en amenaza primero y en carencia después.
Invertir en infraestructuras hídricas capaces de laminar avenidas, retener caudales y almacenarlos para los meses secos ya no es una opción secundaria, sino una decisión estratégica. Cada episodio de lluvia torrencial que no se aprovecha es una oportunidad perdida. Cada metro cúbico que termina en el mar sin regulación previa es un recurso que podría haber reforzado el abastecimiento, el regadío o la actividad industrial.
Esta necesidad adquiere aún mayor relevancia en territorios con fuerte peso agroalimentario. La industria alimentaria depende directamente de la estabilidad hídrica. Sin agua garantizada, se resienten las campañas agrícolas, se encarecen los costes de producción y aumenta la incertidumbre empresarial. Y cuando el agua llega en exceso sin capacidad de control, también se producen daños en explotaciones, infraestructuras y cadenas logísticas.
La clave está en transformar el ciclo extremo en una oportunidad de resiliencia. Embalses bien planificados, balsas de regulación, sistemas de drenaje sostenible y recarga de acuíferos forman parte de una misma estrategia: capturar cuando sobra para garantizar cuando falta.
No se trata únicamente de construir más, sino de planificar mejor y con visión de largo plazo. El cambio climático no es una hipótesis futura, es una realidad presente. Y la diferencia entre crisis recurrente o estabilidad productiva dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad para anticiparnos.
Porque el agua seguirá llegando. La pregunta es si estaremos preparados para aprovecharla.